lunes, 7 de mayo de 2012

R-evolución

En algunas de mis últimas entradas he empezado a utilizar el término TRIC para referirme a lo que hasta ahora había llamado TIC, principalmente con la intención de redefinir esas nuevas tecnologías en y para la educación 2.0 a traves de una serie de implicaciones existentes en la R central y que José Antonio Gabelas define Factor R. Sin embargo ahora me plantean dudas que se convierten en un desafío: ¿por qué la R? ¿por qué dentro? ¿por qué no fuera? ¿o encima? ¿o debajo? ¿cuál es la diferencia? ¿qué cambia?... Recojo el guante e intento poner orden en mi mente.

Empecemos por buscar una buena definición de TIC en alguna fuente que nos ayude a entender qué son. Consultamos la Wikipedia:
Las tecnologías de la información y la comunicación agrupan los elementos y las técnicas usados en el tratamiento y la transmisión de la información, principalmente la informática, Internet y las telecomunicaciones.

Vemos que la definición se refiere únicamente a herramientas que procesan, sintetizan, presentan o facilitan el tratamiento de la información por ordenadores y, aunque también hay que matizar que en la educación las TIC vienen consideradas como medios instrumentales que facilitan el aprendizaje, el desarrollo de habilidades e integran estilos diferentes de aprender, hemos de admitir que estamos lejos de haber encontrado el modelo adecuado en el ámbito educacional. Las TIC en clase no garantizan nada. No generan en sí mismas nuevos conocimientos. No son mágicas. No convierten en magos a los educadores. Lo tecnológico no basta.

El uso de las TIC implica un cambio de actitud y de metodología que algunos docentes sí han entendido. Sin embargo nos encontramos en la paradoja de seguir rodeados de profesores oblomovistas que aún siendo conscientes de las transformaciones y de la situación actual de la educación, son incapaces de cambiar y acaban siendo meros espectadores sin comprender qué sucede. Por ello siguen introduciendo las nuevas tecnologías superponiéndolas y encajándolas en una educación tradicional que se ha limitado a usarlas sin enfrentarse antes a un cambio de mentalidad en las aulas. No podemos más que constatar que, en este momento, esa es la principal valencia de las TIC.

Hagamos un salto al pasado de la educación buscando ese cambio de mentalidad. Ya a finales del siglo XIX, aún en plena fase gutemberguiana, surgieron los movimientos de la Pedagogía progresista, cuyo primer gran impulsor fue John Dewey y su influyente Pedagogía de la acción que, frente a la educación tradicional elitista, dogmática y autoritaria priorizaba otra activa, útil para la vida, basada sea en la individualización, sea en la colaboración y autonomía, centrada en los alumnos y, en particular, en sus necesidades sociales. Algunas posturas y conceptos de Dewey sobre la educación, resumidas:


Este es solo uno de los cambios de actitud que se han ido dando en la educación, pero que desgraciadamente no llegaron a enraizar. Pero rememorando a Carlos Fuentes en su cuento de narrativa histórica Las dos orillas (El naranjo) pienso en la posibilidad de lo atemporal y me pregunto:

"¿Qué habría pasado si lo que no sucedió, sucede?"

¿Qué habría pasado si las ideas de John Dewey sí hubiesen prendido en la educación?

Seguramente la historia de la educación hubiese sido diferente. No hablaríamos de cambio de actitud. No nos plantearíamos cómo debe ser la educación 2.0. No cuestionaríamos la necesidad de una educación activa. No necesitaríamos educar en la colaboración y la autonomía. No sería necesario motivar al discente. No debatiríamos sobre creatividad, experimentación, participación, incertidumbre, pensamiento crítico, resolución de problemas, emotividad,... No tendríamos que repensar la comunicación en el aula. No necesitaríamos democratizar, ni socializar, ni empoderar, ni evaluar. Y, en mi opinión lo más importante, el torrente de las TIC se habría transmitido por osmosis de la sociedad a la educación intercambiando informaciones, ideas, conexiones, canales, soportes, y alcanzando una educación integradora y fluída.


Pero no ha pasado. La educación ha evolucionado de otra manera y el término TIC no ha sido capaz de desprenderse de lo tecnológico e integrar en las aulas toda la carga del cambio de mentalidad y actitud. Hubiese sido lo ideal, pero no ha sido. Ese cambio no se ha producido por sí solo, no se está produciendo y no se producirá. Ahora ya es demasiado tarde y necesitamos otro término que sí sea capaz de promover transformaciones solo pronunciándolo. Por eso ahora es importante agregar esa R dentro de las TIC y convertirlas en TRIC porque el Factor R sí propone cambios implícitos a él mismo, relacionando entre sí los otros elementos y a la vez relativizándo su importancia.

La R supone la R-evolución que vuelve a poner orden en el centro de gravedad de la educación y asegura el ingreso definitivo en la cultura de la segunda oralidad. Implica al discente en todas sus dimensiones. Lo R-elaciona con la Comunicación para convertirlo en emirec, involucrando a su inteligencia emocional y su empatía y potenciando conexiones sociales con otros emirec que le llevaran a intercambiar ideas, pensar, crear y re-mezclar de manera creativa. También lo R-elaciona con la Información y lo incita a analizar y desarrollar su pensamiento crítico en su búsqueda de información para madurar intelectualmente. Y finalmente lo R-elaciona con la Tecnología para que pueda expresarse como lo hace en su ocio y, gracias al nuevo lenguaje de hipertextos, enlaces, herramientas, redes, pueda seguir creando, remezclando, rediseñando contenidos significativos para él y compartiéndolos con otros usuarios.

¿Podemos seguir pensando en el término TIC como significativo para la Educación? No, no podemos. ¿Podemos considerar el Factor R como el integrante de una educación 2.0? Sí que podemos.


Imágenes
Imagen 1: ”Innovéision V” de Néstor Alonso con licencia CC BY-SA-2.0

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